Testimonio de una madre soltera por elección: “Cuando tienes una meta y realmente quieres alcanzarla, se puede con todo”

Testimonio de una madre soltera por elección: “Cuando tienes una meta y realmente quieres alcanzarla, se puede con todo”

“Gracias Dieya, del blog Haciendo posible lo imposible por concedernos esta entrevista tan valiente, tan real como la vida misma. No sólo nos abres las puertas de tu corazón contándonos tu experiencia y mostrando tus miedos, tus temores, tus incertidumbres, sino también tus esperanzas y tus fuerzas y la verdad, nos das un ejemplo de superación enorme. No nos cabe duda de que eres una VALIENTE en mayúsculas. VALIENTE por luchar por lo que querías cuando todos te decían que era imposible, VALIENTE por criar y sacar adelante a dos criaturas, dos hermosas niñas, y VALIENTE por superarte cada día y ser la mejor madre y ejemplo que puedan tener tus hijas. Desde el corazón, GRACIAS.”

 

¿Por qué ser madre en solitario?

Bueno, no es una decisión que se toma a la ligera. Yo siempre tuve en mente la idea de conocer al amor de mi vida, casarme, tener hijos, mi familia, mi casa, etc. Pero la vida a veces nos tiene preparados otros planes. En mi caso, como tenía un problema físico, un problema de infertilidad, el cuerpo me puso el primer obstáculo. Siempre supe que quería ser madre, eso lo tenía claro. Y si juntas una mala experiencia amorosa, junto con una infertilidad, el tiempo corre, o mejor dicho, vuela. Así que llegó un momento en el que supe que la estabilidad para crear una familia no surge de la noche a la mañana, que por mucho que tuviera la suerte de que en unos años se me cruzara el amor de mi vida, el tener hijos se iba a demorar bastante y cabía la posibilidad de que más tarde no tuviera la opción de hacerlo. Así que decidí que aunque fuera difícil, iba a luchar por ello y que iba a dar lo mejor de mi para conseguirlo, para ser la madre que se merecen mis hijas. Y bueno, sigo trabajando en ello y lo haré durante toda mi vida.

¿Qué es para ti y qué opinas sobre la reproducción asistida? 

Para mi la reproducción asistida ha sido todo. Yo tenía un problema de infertilidad, una disgenesia gonadal, es decir, no tenía ovarios, por lo que tener hijos sin ayuda de la ciencia era algo imposible. Por tanto, la reproducción asistida ha sido una gran aliada en todo el camino hasta llegar a ellas, mis niñas.

Cuando tenía 18 años sentía que algo no iba bien en mi, pues yo no menstruaba, no me sentía como una mujer más. Los médicos decían que quizá es que era “tardía”. A los 23, tras muchas consultas médicas y tratamientos hormonales que no funcionaban, en las que muchos médicos me dieron la triste noticia de que no iba a poder ser madre, me hicieron una laparoscopia diagnóstica, en la que vieron que tenía cintillas ováricas y útero infantil. No obstante, también recibí un rayo de esperanza por parte del doctor que me realizó la operación, pues me habló de la ovodonación y me aseguró que si no lo dejaba para más adelante de los 30 años, podría ser madre.

Es cierto que tener una infertilidad y tener que acudir a la reproducción asistida no es fácil emocionalmente. Tener que pasar por el duelo genético en caso de una ovodonación, tampoco lo es. Pero, cuando tienes una meta y realmente quieres alcanzarla, se puede con todo.

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Antes de ponerme en tratamiento acudí a varias clínicas y en varias recibí la misma respuesta: “es imposible” con el útero que tienes, sin ovular, con las hormonas post menopáusicas, etc. Pero sólo hace falta una para conseguirlo. Encontré una doctora, que me dijo que estaba difícil, pero que si mi endometrio pasaba de los 7mm de grosor, me hacían una histeroscopia y verían si éste era viable. Fui superando prueba tras prueba hasta que me dijeron que se podría conseguir, que el endometrio era viable y que el útero, aunque pequeño, podría con ello.

Después de todo eso, el camino fue más fácil, porque el 7 de noviembre de 2016 le hacían la punción a mi donante, el día 10 me transferían dos embriones fecundados con semen de donante también y el 24 tuve la beta en la que me enteré que estaba embarazada. La verdad es que dado mi caso, mis dificultades y todo, tuve mucha suerte, lo conseguí a la primera y por partida doble.

¿Qué fue lo más duro durante todo el proceso?

Sin duda, los largos años de no saber qué es lo que pasaba, ir a clínicas y que todas las expectativas que me dieran fueran negativas. Fue duro, mucho. Aunque también es duro el duelo genético, yo lo tenía muy asumido desde hacía años antes de ponerme en tratamiento, pero, aún así siempre existen pensamientos, dudas, el cómo se lo diré a mis hijas, etc. También fue muy difícil ir a cada cita a la clínica sin saber qué iba a pasar, en qué momento podía acabar el camino y que al final me dijeran que era imposible. Creo que no estaba preparada para eso, pero algo en mí me decía que lo iba a conseguir.

¿Alguna vez pensaste en tirar la toalla?

Sí, y no. Cuando fui a varias clínicas y decían que no iba a ser posible, sí que pensé en tirar la toalla, pero una vez vi algo de optimismo en la clínica donde lo conseguí. Por eso mismo, no quería rendirme. Hice lo imposible porque engrosara el endometrio, ya sabes, todas esas cosas que lees y no sabes si realmente funcionan. Lo mismo pasó en la betaespera. Pero también me puse un límite de intentos y aunque finalmente sucedió al primero, si tras esos intentos no me hubiera quedado embarazada, habría tirado la toalla.

¿Qué sentiste cuando te dijeron que el resultado era positivo y que por tanto estabas embarazada?

Alegría y miedo. Lo había conseguido, pero al día siguiente de darme el resultado comencé con muchos dolores y a sangrar muchísimo. Fue muy agridulce. Pensé que estaba siendo un aborto y me desmoralicé bastante. Después fui a urgencias y me dijeron que se veía un saquito, que podría ser que también se hubiera implantado el otro embrión y lo estuviera perdiendo, pero que aún así hiciera reposo total y subiera la progesterona. Y a la siguiente consulta, sorpresa, había dos.

Si volvieras a iniciar este proceso, ¿cambiarías algo?

Nada, no cambiaría nada de nada. Todo este proceso es el que me ha llevado a tener a mis niñas. Además, lo intenté todo para que todo fuera así. Afortunadamente, no puedo decir que me quedara algo en el tintero. A veces tengo la duda de si hice bien no esperando a tener pareja y más estabilidad, pero después pienso que de no haber sido así, mis hijas no serían ellas, no serían Nara y Nia o quizá no lo hubiera conseguido, así que mejor no pensar esas cosas. Soy muy feliz tal y como son las cosas ahora.

¿Qué consejos darías a otras mujeres que se plantean la reproducción asistida como medio para ser madres en solitario?

Pues no solo para ser madres en solitario, sino a todas esas mujeres que se plantean la reproducción asistida como medio para ser madres, les recomiendo ser pacientes, sobre todo con una misma. Es un tema delicado porque se ponen en juego tanto las hormonas, que muchas veces juegan malas pasadas, como un montón de dificultades durante el camino, así que mucha paciencia y confianza en una misma. Si en tu interior sabes que lo vas a conseguir, lo conseguirás.

Y a las mujeres en solitario, que no están solas, que a veces puedes sentirte sola durante el tratamiento, el embarazo o la maternidad, pero no es así, solo hay que mirar a quienes nos rodean y buscar apoyo en ellos.

 

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